miércoles, 14 de diciembre de 2011

La China, segunda parte




Una vez más, Eduardo llegó a casa contando: "Un, dos, tres escalones. Abro la puerta; hay una persona."
-Buenas tardes.
-Eduardoooo, cómooo estáass.
Sin duda alguna, era la señora Ofelia. Otra de tantas que pensaba que la ausencia de visión era una afección del oído.
-Buenas tardes, señora Ofelia.
-Mañaaaana te compro el cupón, que ya es vierneeees.
Viernes, mañana ya era viernes. Qué bien, por fin algo de tiempo libre en casa. Sin tener que ir al kiosko, sin tener que salir a la calle. La semana resultaba agotadora desde que trabajaba para la ONCE. Se sentía muy agradecido, pero nadie imaginaba lo duro que era estar ahí metido recibiendo la visita de desconocidos, muchos de los cuales se dirigían a él como si de una máquina expendedora de boletos se tratase, "acabado en cuatro", a gritos y sin fórmulas de cortesía mediante. Pero él no se quejaba, jamás había protestado en voz alta sobre el tema.
Vender cupones dentro de una caseta era mejor que no vender nada o venderlo acomodado en una silla enclenque en plena acera, como en una playa situada en el lugar menos apropiado.

La foto
Blind beach (playa ciega), California. Foto de Jerry Dodrill (thanks, Jerry)

viernes, 9 de diciembre de 2011

La China



Buenas, esta es la primera parte de un desafío literario que hemos inventado con mi Osa querida. Aquí está la explicación: osotorpon.blogspot.com


-Ay, hija, es que estoy hecha un lío. No sé ni dónde tengo la cabeza.
-Típico de tu profesión, China.
-Muy graciosa. Esto no tiene nada que ver con que sea contorsionista. Estoy un poco harta ya de estar tan sola.
-Pero si no estás sola. ¿No estabas saliendo con aquel tío de Cáceres?
-¿Ése? ¡Menudo pesado! Como todos. Como soy tan exótica... Que si por qué no hablaba diciendo "pelo" en vez de perro. Que si por qué no me metía la cabeza entre las piernas y me asomaba por el otro lado. Que si por qué no le preparaba arroz tres delicias... Lo que yo te diga, que la gente no se mete en la mollera que pueda tener los ojos así y ser de Lavapiés. Y encima me dedico a esto.
-Oye, ¿y con alguien de aquí?
-¿Estás de coña? ¿Con quién?: ¿con el malabarista búlgaro de la raqueta luminosa? ¿Ese que está loco, loco, por el tenis español? Que si pudiera, sería él el regalito de Nadal. Ya me entiendes. ¿O con el jefe de pista? Ese que se peina con el aceite de la lata de sardinas que cena caaaada noche. ¡Ah, no! ¡Mejor! Tú quieres que salga con el ruso, con el que levanta la piedra de doscientos kilos. Ah, sí, qué genial, podríamos pasar la noche hablando de los camiones que levantaba en su país para robarles las ruedas.
-Ay, China, es que eres muy negativa.
-No, guapa, soy realista.
-Oye, ¿y por Internet? Así podrías conocer a alguien sin que sepa ni que eres contorsionista, ni que tienes los ojos como una miope sin gafas.
-Menuda chorrada... Aunque, no está tan mal pensando.
La China y su amiga acuden a un locutorio del barrio más próximo al circo y empiezan a navegar por la web.
-Ésta es. La anunciaron el otro día en la radio: "ContactoConTacto.com"

La foto
Chicas chinas retocándose en pleno templo budista de Pekín. Agosto de 2004. Nuestro maravilloso gran viaje...

domingo, 4 de diciembre de 2011

Sus deseos son órdenes





Bueno, respondiendo a la petición de mi lectora más fiel, mi madre, allá va una pequeña muestra de mis primeras manifestaciones literarias. No me siento especialmente orgullosa, aunque, en aquel momento, estoy segura de que me hinché como un pavo.
La publicación que se dignó a ofrecerme una oportunidad, a la sazón de los nueve años, fue la revista de mi cole, el Aula Balear.
Adjunto las imágenes escaneadas de la pieza (¡menuda!) y de la portada de tan digna publicación. Aviso: en la transcripción he corregido la puntuación y alguna falta imperdonable, que mi prurito corrector, o deformación profesional, no puede tolerar. También he añadido alguna palabra que se ausentó en mi mente de niña. El estilo es el original, la historia... por un momento he intentando recordar si sería otro de mis préstamos (léase, plagios), pero no, hay tres elementos que me indican que es de cosecha propia: lo surrealista del argumento, la presencia de un perro salvador y de una madre emocionada hasta la lágrima.
Gracias

Misión Ban-Ban
Grapa es un pequeño país, sus [habitantes] sólo piensan en pasar a la era Ban-Ban, pero para poder pasar hay que superar tres pruebas. Hasta ahora nadie lo había conseguido, pero yo, Grapas Cronic, hijo del Gran Grapas, me propuse superarlas y lo logré, os voy a contar cómo. Un día en el colegio, vi las tres grandes listas de las tres grandes pruebas, de repente, una enorme mano me golpeó la espalda, era el profesor de magramáticas. "¿Te gustaría superar estas pruebas? -Sin dejarme contestar me dijo-: Ya tienes tu cohete preparado."
Cogí el cohete y me condujo al primer planeta. El planeta Cuádrame. Me subí a un cuadrado y grité: "¡Eh, gordo, a ver si me coges!" Entonces Cuadra empezó a perseguirme, dio un tropezón y cayó. Subí al cohete lo más rápido posible y la computadora me dijo: "Se-gun-da-prue-ba en conexión". Y me encontré en el planeta de las Veinte Frutas Voladoras. Yo tenía que cazarlas. Primero probé con un cazamarigrapas, después con el calcetín, pero no podía. Estaba perdido, pero de repente una oportuna, pero muy oportuna idea se me ocurrió. Claro, me comeré las veinte frutas. Las engullí una a una.
A la tercera prueba llegué con un empacho enorme y ¿sabéis cuál era?, pues nada más y nada menos que comer treinta comidas diferentes, un perro se acercó y me dijo: "Estaría encantado de ayudarte". Él solito se lo comió casi todo. Subí al cohete y, al llegar, menuda fiesta, mi madre lloraba de alegría y la gente gritaba: ¡Viva el héroe!
VERÓNICA CANALES 4º