domingo, 4 de diciembre de 2011

Sus deseos son órdenes





Bueno, respondiendo a la petición de mi lectora más fiel, mi madre, allá va una pequeña muestra de mis primeras manifestaciones literarias. No me siento especialmente orgullosa, aunque, en aquel momento, estoy segura de que me hinché como un pavo.
La publicación que se dignó a ofrecerme una oportunidad, a la sazón de los nueve años, fue la revista de mi cole, el Aula Balear.
Adjunto las imágenes escaneadas de la pieza (¡menuda!) y de la portada de tan digna publicación. Aviso: en la transcripción he corregido la puntuación y alguna falta imperdonable, que mi prurito corrector, o deformación profesional, no puede tolerar. También he añadido alguna palabra que se ausentó en mi mente de niña. El estilo es el original, la historia... por un momento he intentando recordar si sería otro de mis préstamos (léase, plagios), pero no, hay tres elementos que me indican que es de cosecha propia: lo surrealista del argumento, la presencia de un perro salvador y de una madre emocionada hasta la lágrima.
Gracias

Misión Ban-Ban
Grapa es un pequeño país, sus [habitantes] sólo piensan en pasar a la era Ban-Ban, pero para poder pasar hay que superar tres pruebas. Hasta ahora nadie lo había conseguido, pero yo, Grapas Cronic, hijo del Gran Grapas, me propuse superarlas y lo logré, os voy a contar cómo. Un día en el colegio, vi las tres grandes listas de las tres grandes pruebas, de repente, una enorme mano me golpeó la espalda, era el profesor de magramáticas. "¿Te gustaría superar estas pruebas? -Sin dejarme contestar me dijo-: Ya tienes tu cohete preparado."
Cogí el cohete y me condujo al primer planeta. El planeta Cuádrame. Me subí a un cuadrado y grité: "¡Eh, gordo, a ver si me coges!" Entonces Cuadra empezó a perseguirme, dio un tropezón y cayó. Subí al cohete lo más rápido posible y la computadora me dijo: "Se-gun-da-prue-ba en conexión". Y me encontré en el planeta de las Veinte Frutas Voladoras. Yo tenía que cazarlas. Primero probé con un cazamarigrapas, después con el calcetín, pero no podía. Estaba perdido, pero de repente una oportuna, pero muy oportuna idea se me ocurrió. Claro, me comeré las veinte frutas. Las engullí una a una.
A la tercera prueba llegué con un empacho enorme y ¿sabéis cuál era?, pues nada más y nada menos que comer treinta comidas diferentes, un perro se acercó y me dijo: "Estaría encantado de ayudarte". Él solito se lo comió casi todo. Subí al cohete y, al llegar, menuda fiesta, mi madre lloraba de alegría y la gente gritaba: ¡Viva el héroe!
VERÓNICA CANALES 4º

3 comentarios:

  1. Pero ¿tu madre qué te ponía en la comida? Dalí a tu lado era un pelagatos bigote-chuchurrío. Y esto sólo con 9 añitos. ¿Qué no se te ocurrirá cuando cumplas los 10?

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  2. Mi madre nos daba comida macrobiótica... No diré más. En cuando a lo de mi décimo cumple... como sigas así, no te invito y no tajunto

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  3. Eh! Tu blogspot me ha boicoteado el comentario que te dejé la semana pasada (???!!!!) Que sepas que me dejaste impresionada.

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